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Un balance de la COP20 en Lima "Jugar a las apuestas con el futuro"

12 de diciembre 2014, cumbre de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP20) en Lima. Dos personas sentadas en una mesita, en medio de las grandes carpas y el hormigueo de la conferencia. Jugaron a las apuestas, intercambiando monedas de chocolate. Detrás de ellas un lienzo: "Don't gamble with our future! ¡No jueguen a las apuestas con nuestro futuro!". Gamble tiene un doble sentido: es jugar arriesgadamente y es también apostar.

Fue uno de los actos de ACT Alianza, una red de 140 iglesias y organizaciones humanitarias, presentes como observadores. Después de diez días de negociaciones se veía cada vez más lejos la posibilidad de un acuerdo que permitiera la base de un nuevo acuerdo sobre el Cambio Climático en París en diciembre de 2015. Como en la mayoría de las otras cumbres sobre el cambio climático, las negociaciones andaban muy lentas y estaban bloqueadas en varios puntos. ¿A qué jugaron los 192 países más la UE en la COP20? ¿Qué riesgos estaban en juego? ¿Y qué apuestas hacen o dejan de hacer los bloques de países en este juego por un futuro vivible? ¿Y finalmente, a qué jugó Chile?

Lo que está en juego
El objetivo del juego era claro: los negociadores tenían que concordar un borrador con los cimientos de un nuevo protocolo sobre el cambio climático, que tiene que acordarse en la COP21 en París. El Protocolo de Kioto, aprobado en 1997 y en vigencia desde 2005, terminará su segundo período de compromiso en 2020. El contexto de las negociaciones ha cambiado significativamente desde Kioto. Primero, el cambio climático, de ser un fenómeno altamente cuestionado hace 17 años, ahora está reconocido por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) como inequívoco y causado con un 95% de seguridad por las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero emitidos por la civilización humana desde que empezó la era industrial basada en energías fósiles.

Todos los países ahora concuerdan en su existencia y la urgencia de actuar frente a ello. Segundo, los países admiten que Kioto no ha tenido el resultado buscado de una reducción mundial de CO2 en la atmósfera, ya que bajo este protocolo sólo los países desarrollados están obligados a bajar sus emisiones, lo cual están logrando, pero mediante un "mercado de carbono" que transfiere parte de las emisiones hacia países menos desarrollados. Además, mucha de la producción industrial del mundo giró hacia países emergentes como China, India y Brasil, que ahora se cuentan entre los grandes emisores. Ahora entonces se necesitaría un protocolo en que todos los países se comprometan a bajar sus emisiones, independientemente de su nivel de desarrollo.
¿Qué está en juego en las negociaciones? El cambio climático, aparte de augurar problemas serios en el largo plazo, ya se hace sentir en el día a día, por variaciones notables en el desarrollo de las estaciones y un aumento constante de sequías, huracanes y otros eventos extremos. En las pequeñas islas en el Pacífico, como Tuvalu o las Islas Fiji, los efectos son alarmantes por salinización de tierras y aguas, o recurrentes inundaciones, que ya causan desplazamientos forzados de población. Estas islas, reunidas en la Alianza de Pequeños Estados Insulares, son la voz moral de la conferencia, y exigen que el incremento de la temperatura no supere 1,5°C para su sobrevivencia. Justamente durante la COP20 las Filipinas sufrieron otro huracán, un año después de haber sido víctimas del devastador supertifón Haiyán.

Nuevo tratado
Todos los países presentes en Lima estaban de acuerdo que el foco del juego era un nuevo tratado en París. Se debían concordar los elementos claves de este acuerdo y acordar la estructura del contenido de los Compromisos Nacionales que cada país debe presentar allí, para que fueran medibles y comparables. Elementos claves en la conferencia eran mitigación -la baja de las emisiones-, adaptación -a las nuevas circunstancias de clima, finanzas -para mitigación y adaptación-, transferencia tecnológica y transparencia. Sin embargo, la conferencia terminó donde empezó, con un documento acordado 30 horas después del término de la COP y titulado "Llamado de Lima a la acción climática", que reconoce la urgencia de actuar, pero sin medidas concretas, desplazando las grandes decisiones a 2015. ¿Por qué los países no lograron apostar a más, a pesar de la necesidad evidente de un acuerdo ambicioso? Porque existían tres grandes dicotomías, que hicieron imposible un éxito mayor que esta apuesta débil.
Primero, había una fuerte pugna entre quienes querían borrar la distinción de Kioto entre países desarrollados y menos desarrollados (lo que llamaron el Firewall) y los que enfatizaron mantener responsabilidades diferenciadas. No es de sorprender que los países desarrollados, UE, EEUU, Canadá y Australia pidieron iguales obligaciones para todos. John Kerry, vicepresidente de los EEUU dijo en una emotiva charla: "No tenemos tiempo de hablar de responsabilidades. Es responsabilidad de todos, porque el carbono no conoce fronteras". Los países menos desarrollados no aceptan este discurso de una igualdad donde algunos son más iguales que otros.
Segundo, los países desarrollados preferían incluir en los compromisos nacionales para París sólo medidas de mitigación de emisiones, por ser las más fáciles de medir y comparar, mientras los países emergentes y en desarrollo reclamaron reiteradamente incorporar también planes de adaptación, transferencia tecnológica y una hoja de ruta para el financiamiento de estos procesos. Los países más pobres también son los más afectados por el cambio climático, y necesitan financiamiento para adaptación antes de poder decidir con cuanta mitigación se pueden comprometer. Pidieron "una transición justa" hacia otro tipo de economía, mientras los desarrollados desconfiaban de su dificultad financiera y les acusaban de no querer responsabilizarse antes de recibir dinero.
La falta de solidaridad con los países más pobres se mostraba en la dificultad de capitalizar el Fondo Verde para el Cambio Climático, que tiene que llegar a 100 billones de dólares para 2020. Con mucho esfuerzo los países llegaron a los iniciales 10 billones, pero sin acuerdo de cómo seguir aumentando este monto. Además, los países ricos se negaron a aceptar el "Mecanismo de Daños y Pérdidas", acordado en la COP19 en Varsovia, y que aborda la respuesta a desastres naturales ya causados por el cambio climático, como un aspecto diferente a "adaptación", ya que aquí probablemente temían perder mucho dinero pagando por desastres "ajenos".

Tercero, se palpó en toda la conferencia, pero sobre todo también entre los negociadores y la sociedad civil, una visión opuesta sobre la manera en que enfrentar el cambio climático. ¿De verdad debemos cambiar? preguntó en voz alta Al Gore en unas de las conferencias, y su respuesta era un rotundo sí. Pero su visión del cambio se sitúa dentro del paradigma económico actual, donde el mercado de las energías renovables podrá vencer al mercado de los fósiles, como el teléfono móvil ha ganado al teléfono tradicional, en un boom de crecimiento y oportunidades. Al Gore presentó un mundo donde el capitalismo busca su desarrollo en tecnologías verdes y apuesta a un futuro donde optamos como humanidad por un capitalismo sustentable. Sin embargo, muchos países en 'desarrollo y un creciente movimiento en la sociedad civil creen que el cambio climático no sólo se trata de CO2, sino de un paradigma económico que se basa en el lucro y la competencia y crea desigualdad y miseria.

Cambio de política
Muchos países en desarrollo se ven tensionados por la apuesta de cambiar su política dentro del paradigma capitalista extractivista. En América Latina Ecuador y Bolivia, que en sus Constituciones incorporaron la protección a la Madre Tierra, en la práctica tienen que apostar por la extracción de combustibles fósiles, gas y petróleo, para mantenerse competitivos y poder financiar el desarrollo de su gente. Rafael Correa mostró la esquizofrenia de esta visión en su convencimiento que se necesita más extractivismo para salir del extractivismo (1).

En Perú, país anfitrión de la conferencia, la tala ilegal amenaza las poblaciones indígenas. El 1 de septiembre de este año cuatro líderes indígenas Ashánikas de Saweto, en la Amazona, que reclamaron contra esa práctica fueron asesinados: sus reclamos nunca fueron escuchados por el gobierno de Lima. Sus viudas vinieron a Lima por la COP20 y denunciaron que el gobierno de Perú era cómplice y no garantiza su seguridad frente a las traficantes de madera. También en Chile se ha notado esta incoherencia: Michelle Bachelet en su discurso en la COP20 prometió nuevamente una reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en un 20% para el 2020 (base 2007) y la incorporación de 45% de Energías Renovables a 2025, y enfatizó la importancia de la sociedad civil y una agenda climática que se guíe por la equidad y la justicia. Sin embargo, por la importancia de los recursos naturales en el desarrollo económico de Chile, en la práctica existen múltiples conflictos ambientales, especialmente con empresas mineras, mientras una Ley de Protección de Glaciares sigue en espera.

En las tres dicotomías y las tensiones que éstas causan en los países en desarrollo se muestra que el mundo de hoy está tan dividido de poderes e intereses como siempre, y que no es posible negociar un acuerdo compartido robusto si no cambiamos el patrón de crecimiento económico que sigue creando una desigualdad creciente entre ricos y pobres.
En la Cumbre de los Pueblos, iniciativa de la sociedad civil frente a la COP20, donde se reunieron miles de personas no cambiamos el patrón de crecimiento económico que sigue creando una desigualdad creciente entre ricos y pobres.

En la Cumbre de los Pueblos, iniciativa de la sociedad civil frente a la COP20, donde se reunieron miles de personas de movimientos sociales ese fue el lema: ¡Cambiemos el sistema, no el clima! Allí estaban convencidos que el resultado del juego no puede ser distinto si lo jugamos con las mismas reglas de siempre. "Si la gente afectada de la crisis climática estuviera negociando, tuviéramos un acuerdo ayer", dijo Winnie Byanyima, presidente de Oxfam Internacional, "pero los que negocian en la COP son hombres de negocios". En los movimientos sociales prevaleció un sentimiento de gran decepción frente a los resultados de la COP20: "Una vez más los líderes políticos mundiales han mostrado no estar a la altura de las necesidades de sus pueblos y de la sustentabilidad de la vida en el planeta. Los delegados siguen empecinados en hacer de las negociaciones climáticas unas negociaciones comerciales, en donde lo principal no es la defensa integral de la vida, sino la defensa de las economías nacionales y sus demandas de crecimiento insostenible", dijo Climate Action Network Latinoamerica (2). La presión del cambio debe venir desde abajo, creen los movimientos sociales. Ellos esperan y llaman a que en 2015 crezca la demanda ciudadana para reclamar a los gobiernos que no jueguen a las apuestas con nuestro futuro en París, bajo las mismas reglas, sino que apuesten a la justicia climática y a cambios estructurales en el paradigma económico vigente.

1.www.telegrafo.com.ec/econoliiia/masqmenos/item/para-salir-del-extractivismo-es-necesarío-mas-extractivismo.html 
2.cambioclimaticachile.cl/las-organizaciones-miembros-de-can-la-manifiestan-su-decepción-ypreocupación-ante-el-fracaso-de-la-cop-20/

Fuente: LE MONDE diplomatique
1 enero-febrero 2015
Arianne van Andel. Teóloga y especialista en cambio climático en el Centro Ecuménico Diego de Medellín de Chile.

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